Fininho, un adelantado a su tiempo

El 6 de julio de 1972 nació en Joao Pessoa (del estado de Paraíba, en Brasil) uno de los mejores jugadores de fútbol sala de siempre, Paulo Sergio Lira Góes, mundialmente conocido como Fininho. Como tantos otros brasileños, durante su infancia compaginó fútbol con futsal. Desde los ocho años practicó deportes hasta que, alcanzada la mayoría de edad, tomó la decisión correcta: apostó por ser profesional del fútbol sala.

Su principal valedor para llegar siempre fue su padre, del que el propio Fininho dijo ―tras su muerte― estas palabras: «Mi viejo ya se fue a vivir con Dios, pero me dejó enseñanzas que me ayudan dentro y fuera de la cancha. Sabes, padre, trato de transmitirle a tu nieto todos los principios de su vida… Y estaré inmensamente feliz si, en el futuro, mi hijo siente por mí solo la mitad de la gratitud que tengo por ti”.

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En su época de esplendor no era muy alto (1’78m) ni muy fuerte (72kgs) pero tenía un gran golpeo, una precisión milimétrica en el pase y una clarividencia como pocos. Con el dorsal ‘10’ que tanto ha significado tanto en Brasil (solo superado en futsal por la mística del ‘12’), pasó a la historia ganando con la Seleçao los Mundiales de Hong Kong (1992) y España (1996), además de tres Copa América consecutivas entre 1997 y 1999. Se retiró tras 13 años vistiendo la verdeamarelha y anotando la friolera de 252 goles, 20 de ellos en sus cuatro participaciones mundiales.

Fueron dos títulos, sí. Y habrían sido más de no encontrarse con la mejor generación española de siempre, porque de calidad no iban escasos. Compartió vestuario con jugadores del nivel de Manoel Tobías, Schumacher, Lenisio, Almir, Indio, Falcao o los Vander (Iacovino y Carioca).

A nivel de clubes se convirtió en un auténtico trotamundos. Cojan aire para leerlos todos del tirón: Cabo Branco, Depois, Votorantim, Sumov, Impacel, Enxuta, Carlos Barbosa, Ulbra, Ipiranga, Vasco da Gama, Sao Paulo, Arsenal, Joinville, Umuarama, Assaf/Santa Cruz y Arapoti. Sus mayores éxitos llegaron en Carlos Barbosa, donde sumó a su palmarés las ligas de 2001 y 2004, además de la Intercontinental del mismo año, en la que se llevó el MVP.

Pero es que antes de eso había conquistado campeonatos desde 1990 hasta 1997 en todos los equipos en los que estuvo. Al no haber una liga unificada, se “conformó” con todos los títulos locales: tres pernambucanos, uno de Ceará, un paranaense, un Mineirao, cinco veces campeón gaúcho…

La plantilla al completo de Carlos Barbosa (2004) que conquistaría Liga e Intercontinental

Si los títulos a nivel de clubes llegaron con el nuevo milenio, él había encontrado su plenitud poco antes, en las postrimerías del siglo XX. En 1998, con 25 años, alcanzó su cénit a nivel individual, cuando fue nombrado mejor ala izquierda y mejor jugador del torneo brasileño. Su juego era vistoso, de los que entran por el ojo a los aficionados: chut preciso y poderoso, gran precisión en el pase, lo que ―unido a su visión de juego― le convirtió en un jugador de jerarquía, único en una época donde el futsal era para especialistas.

Se convirtió en uno de los jugadores referenciales de lo que iba a ser el futsal moderno, una suerte de precursor ―o adelantado a su tiempo― que no solo lo era dentro de la pista, sino también fuera: se convirtió en un embajador del futsal, hasta el punto de ser el primer jugador de fútbol sala en firmar un contrato con Nike, en el año 2000. El mérito es doble, puesto que aquel año entró en el quinteto ideal de la FIFA del Mundial de Guatemala que había conquistado España.

Fininho, en la actualidad

Tras nada menos que 23 años de carrera decidió que era el momento de la retirada. Pero si su carrera de jugador fue prolífica, no menos lo está siendo la de entrenador, en la que ya ha conquistado la liga y copa catarinense. En apenas seis temporadas ya ha pasado por Vento em Popa, Capinzal o Piratuba. Actualmente desempeña el cargo en la Associação Esportiva Uruguaianense do Rio Grande do Sul, en la Liga Gaúcha 1, donde seguro que continúa con la senda exitosa que le acompaña allí donde va.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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