A la élite del futsal se va desde Manacor a Palma, pasando por Inca

¿Cómo se convierte un club humilde, creado por un puñado de amigos, en uno de los proyectos más estables de toda la Primera División? Podríamos tirar de tópicos, hablar de las ganas de trabajar, ganarse el respeto o consolidar un deporte minoritario en una comarca falta de referentes en la élite como era Manacor. Sin embargo, siendo cierto, no sería (toda) la verdad. Porque el club dio un paso grande precisamente al saltar de Manacor a Palma. ¿Qué hizo falta para dar ese salto?

Retrocedamos a los orígenes…

Hablamos de un club fundado en Manacor, como decíamos al principio, un 14 de julio de 1998. En los primeros años de la Associació Esportiva Manacor ya se consiguió hacer historia, siendo el primer equipo (de cualquier deporte) que conseguía militar en una categoría nacional. Debutaron en Primera Nacional B (la cuarta categoría) consiguiendo el ascenso a la tercera categoría, denominada Primera Nacional A, y clasificarse para la Copa de España en su primer año. Apenas unos meses más tarde conseguirían repetir éxito: primero y ascenso a la Categoría de Plata. En apenas dos años de existencia había alcanzado el segundo escalón del futsal nacional. Mucha responsabilidad sobre ello tuvo (y sigue teniendo) Miquel Jaume, fundador y presidente de la entidad aún hoy.

La aclimatación a la División de Plata sería, como no cabía de otra manera, complicada. Se estuvo cerca, pero también se coqueteó con los puestos de descenso varios años. El cambio definitivo se produciría en la temporada 2005/06 bajo la tutela de un técnico muy conocido en la actualidad pero que, en aquel entonces, apenas comenzaba su labor: José Lucas Mena, ‘Pato’. Era el tercer año del entrenador alicantino en la entidad balear, y la primera que se vería con posibilidades reales de ascenso.

Se dio un paso definitivo para profesionalizar al club otorgándole al técnico una plantilla mezcla de veteranos (conocedores de la categoría) y jóvenes promesas, merced a un aumento ostensible del presupuesto, con una misión clara: ascender a División de Honor. Estaría cerca, en su segundo intento, de conseguir el ascenso: disputaría el playoff de ascenso contra Leis Pontevedra tras quedar segundo al final de la fase regular. Perdería frente a los pontevedreses, pero el germen ya estaba ahí. A la tercera desde la revitalización del proyecto fue la vencida: líder y a División de Honor. La 2007/08 quedó inscrita con letras de oro: el club fundado por Miquel Jaume apenas diez años atrás tocó techo, alcanzando la élite del futsal nacional.

Manacor en lo bueno y en lo malo

Se produce así el hecho histórico que mencionábamos: el llamado entonces Fisiomedia Manacor hace historia siendo el primer equipo de la ciudad en escribir su nombre en la máxima categoría nacional de cualquier deporte. Sin embargo, la subida de nivel trajo consigo graves problemas: el club no tenía una instalación adecuada a la categoría, por lo que la entidad ―ante la falta de apoyo institucional― tuvo que exiliarse a Inca, a 35 kilómetros de distancia. No solo perderían su identidad y gran parte de la masa social, sino que también se retirarían varios de los patrocinadores, que no entendían necesario anunciar a una empresa “de fuera”. Todo ello provocaría a final de temporada una dimisión de Miquel Jaume, ante tal cúmulo de adversidades, que terminaría por revocarse, por fortuna para el club.

Con tales precedentes no se podía esperar un milagro. El sueño trocó en pesadilla y apenas nueve meses después, y como colistas, el equipo volvía a la División de Plata. El club retuvo a la mayoría de los integrantes de cuerpo técnico y plantilla, buscando aprender de la mala experiencia. Se retornó a Manacor y con ello las buenas sensaciones. Se conseguiría de nuevo el ascenso esa misma temporada, la 2009/10. No lo hizo como líder (lo fue el Grupo de Empresas Talavera) pero esta vez sí los playoff le fueron favorables y consiguió derrotar sucesivamente a UPV Maristas (de Valencia) y a Puertollano Restaurante Dacho (de Ciudad Real). A partir de ahí, el equipo primero manacorí y hoy palmesano, solo ha sabido crecer en torno a tres pilares: su presidente, su director deportivo y la figura del entrenador, siempre por encima de los jugadores. Que los ha habido muchos, y muy buenos, por supuesto.

Panorámica del Palma Arena

El club, aprendiendo de los errores del pasado, comprendió que necesitaba un cambio. La situación era la misma de dos años atrás: falta de apoyo por parte de las instituciones y unos políticos que no se ponían de acuerdo. El club se marchó a Palma, buscando un pabellón más grande que cumpliese los requisitos exigidos por la LNFS para jugar en Primera. Cerró un acuerdo para disputar sus partidos de local en el Palma Arena, aún como Fisiomedia Manacor.

Su “primera segunda” temporada en la élite sería muy distinta: la afición de la capital descubrió un deporte casi desconocido para la mayoría, pese a que el pabellón (un velódromo) no conectaba a la gente con lo que sucedía en un parqué muy alejado ―físicamente― de ellos. Sin embargo, de la mano de un inmenso Miguelín consiguió la machada: clasificado para la Copa de España y para los playoff por el título, tras terminar la temporada regular quinto clasificado, con 56 puntos (35 más que en su primera experiencia). Pese a ganar 4-0 el primer encuentro, caería ante un Lobelle más experimentado en los encuentros a vida o muerte. En Copa le tocó enfrentarse al mejor Barça de la historia, que no tuvo piedad de los novatos y le endosó un 6-0 en cuartos.

El año siguiente el club no pudo repetir éxitos y acabó la liga en décima posición. Pero lo importante era que todo había cambiado para siempre en la isla hasta el punto de conseguir que el encuentro ante Barça de Liga lo disfrutasen 7.000 personas en directo. Viniendo de los partidos con 150-200 espectadores en Manacor, el éxito era más que evidente.

Sería para la 2014/15 cuando el club daría el último paso a lo que es hoy: la sede social del club se desplazó de Manacor a Palma de Mallorca. Se trajo como entrenador a Juanito, un técnico experimentado en España y el extranjero. El objetivo no sería, nunca más, mirar hacia abajo: playoffs y Copa sería prioritario para el club, que había conseguido dar el salto de la mano de José Antonio Tirado, exjugador del club y desde 2009, año en que se retirase, como director deportivo.

Un club grande en lo deportivo, enorme en lo social

La reapertura del Palau Municipal d’Esports de Son Moix fue la otra clave para el crecimiento del ahora denominado Palma Futsal: era el escenario perfecto para una afición que se había entregado ya a su equipo. De sus casi 22 años de historia serán ya 12 en la élite, y los últimos años se cuentan con ellos como fijos para la disputa de los títulos.

Pero, ¿cómo se ha conseguido ese crecimiento social? El club aprendió de los errores del paso de Manacor a Inca, fidelizando, desde la capital, a un club que ya no era de una ciudad concreta sino de toda la isla. De los 2.500 espectadores de media (cifra astronómica teniendo en cuenta de dónde venía el club) se subió a los 3.000 abonados para la temporada 2018/19, y de ahí a la actualidad, en la que es frecuente ver cómo se juntan hasta 4.000 gargantas para animar a su equipo. Las más de 1.000 que viajaron a Sevilla para presenciar la final de Copa del Rey ante ElPozo ayudaron a que esa temporada (la 2015/16), Palma consiguiera el reconocimiento de la LNFS como la mejor afición de España.

Vadillo, Sarmiento y Chicho (en primer plano) celebran con la afición el pase a la final de Copa del 2016

Por cierto, aquella final, lo más cerca que ha estado nunca Palma de ganar un título, se le escapó por un gol en contra a falta de 26 segundos para finalizar la prórroga. ¿Recuerdan el autor? No hay peor cuña que la de tu propia madera, dicen. Miguel Sayago, Miguelín.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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