Schumacher, el primer ‘jugador total’

Hablaremos de un brasileño que desde la posición de cierre dominaba todas las facetas del juego, incluida la de goleador. Por supuesto, hablamos de Flavio Sérgio Viana, aunque todos le conocemos por su apodo en pista: Schumacher. Apodo que llega de su admiración hacia el portero alemán Harald Schumacher, quien a su vez era conocido como Toni, como muestra de respeto a Toni Turek, el primer portero que tuvo Alemania Federal tras la Segunda Guerra Mundial. Nada que ver, por tanto, con el excelente piloto de Fórmula 1.

Pero no estamos aquí para hablar de orígenes de apodos, sino deportivos. Y para ello, pocos jugadores mejor que Schumacher: el primer jugador total, capaz de desempeñarse en cualquier posición de la pista con la misma inteligencia, de defender y convertirse en el máximo anotador de su equipo.

Hablamos de un jugador que fue 98 veces internacional, en una época en la que había muchos menos partidos al año que hoy día, y que si ganó un único Mundial, dicho como si fuera cosa menor, fue únicamente porque tuvo el infortunio de coincidir en el tiempo con la mejor Selección Española de siempre. Como decíamos antes de empezar, su labor en 2007, en la que ganó una Intercontinental (en la que además fue MVP), acabó como máximo goleador de Primera, le valió el premio a principios del año siguiente a mejor jugador del mundo.

Schumacher, posando con su título de máximo goleador

Reconocimiento que se queda en poco comparado con un palmarés que, desgranado, nos daría para varios artículos: cinco Ligas, cuatro Copas de España, siete Supercopas, tres UEFA Futsal Cup o cinco Intercontinentales, merced a su pertenencia a uno de los mejores equipos de siempre: la Máquina verde diseñada y dirigida por Jesús Candelas. Aquí podríamos detenernos y ya sería algo que cualquier jugador profesional envidiaría, pero es que además hay que añadir una Recopa, dos Copas Ibéricas, dos Taças de Brasil, dos Ligas también brasileñas o dos Copas Sudamericanas. Amén de otros premios individuales como tres premios al mejor cierre de la LNFS y dos de la LNF, la Bota de Bronce en el Mundial de Guatemala o máximo goleador de la LNFS en la temporada 2006/07.

Vertiginoso, ¿verdad?

Schumi nació hace ya 44 años en Sao Paulo, y aunque siempre quiso ser futbolista, no era la de cierre su posición soñada. De niño, el joven Flávio solía jugar de portero y gritar el apellido del teutón cuando realizaba alguna parada. Como la gran mayoría de los niños, comenzó su carrera en el fútbol, como centrocampista en clubes de la talla de Sao Paulo, Corinthians, Santos o Palmeiras. La cosa, por fortuna para los futsaleros, no cuajó. Sin embargo, no sería aún cuando acercaría sus portentosas piernas al futsal. Se alejó de todo terreno de juego para trabajar durante un par de años en el Banco do Brasil.

Y reconozcan que, en parte, con ese aspecto serio y esa carencia de pelo, se le imaginan perfectamente detrás de una vitrina de seguridad, con traje y sonriendo a las ancianas que van a comprobar si han cobrado su pensión.

¿Verdad que sí?

Cuando pensaba que el tren del deporte había partido, su hermano le convenció para formar parte de un equipo de futsal para jugar un torneo. Esto fue posible gracias al despido del banco. Desconocemos el nombre del individuo que consideró que no era bueno realizando ingresos y transferencias, pero desde aquí solo podemos darle las gracias. Su desempeño en el torneo fue tan fantástico que llegaron a la final, donde perderían 5-1 ante Corinthians. Recordemos que hablamos de una persona que ante el ofrecimiento había reconocido lo siguiente: “no sé mucho de fútbol sala, ni siquiera me conozco las reglas”. Y sin embargo, su juego lució tanto que Azeitona, técnico del equipo Timão, le convenció para que jugase con ellos.

Schumacher, en el pabellón MonteMadrid jugando con la camiseta de Inter

Con veintiún años (corría el año 1997) comenzaba a jugar al futsal de forma profesional apenas dos semanas más tarde y con apenas un puñado de partidos a sus espaldas. El ascenso de Schumacher sería tan meteórico que, ante el estupor de familiares y amigos, en apenas un año sería internacional absoluto. Dos temporadas en el General Motors y un breve paso por Vasco da Gama fueron suficientes para convencer al paulista del siguiente paso, el mismo que habían dado tantos compatriotas: cruzar el charco y atreverse a jugar en Europa.

Llegó en la temporada 2001-02 a un Boomerang Interviú que era el germen de lo que se acabaría convirtiendo en la apisonadora que todos recordamos. Con gente como Luis Amado, Daniel, Julio o Marquinho todo era muy fácil. Contribuyó decisivamente en ese equipo de leyenda, ganando la ingente cantidad de títulos nacionales e internacionales que antes hemos mencionado, hasta un total de 27 títulos con los alcalaínos.

Lo más importante no son los títulos, sino su legado

Ocupaba cualquier posición en pista con una maestría admirable. En carrera resultaba prácticamente imparable y su potente disparo le convirtió en un goleador excelso. Así llegaron sus once temporadas más exitosas en las que fue clave para el cambio del equipo alcalaíno, que venía de las temporadas más negras de su historia. Su estilo de juego redefinió el concepto del cierre en fútbol sala. Así fue hasta que, ya bajo la tutela de Chema Jiménez, llegó un momento en que le costaba incluso entrar en las convocatorias.

Nunca se aclaró si era una cuestión meramente deportiva o la directiva apretó para que esto sucediese. No son pocas las voces que indican que la relación entre Schumi y el técnico no era buena, y que incluso el brasileño tenía malas relaciones con otros integrantes de la plantilla o había intentado vetar ciertos fichajes por parte del club. Como fuese, la medida de presión dio resultado y el paulista solicitó la rescisión de su contrato. Por supuesto se le otorgó y así fue como volvió a ‘su’ Corinthians, con el que jugaría hasta su retirada en 2014.

Autores: Rubén Robles (@MrRobles21) y Dani López (@gremplu)

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