Brasil: Falta de autocrítica y un viejo orden en declive

Apenas transcurren 72 horas entre la eliminación de España y la de Brasil. Si nos hubieran dicho el 18 de noviembre de 2012, cuando Brasil vencía por 2-3 a España en la final del Mundial de Tailandia, que no volveríamos a ver a ninguna de las dos selecciones pisar siquiera una final de un Mundial hasta —por lo menos— 12 años después, habríamos tachado de loco al informante. Eran tiempos felices para brasileiros e hispanos: se repartían todos los títulos y casi todas las finales (4 de 7 las coparon ambos, en las otras 3 al menos estuvo uno).

Pero entonces llegamos a Colombia y sucedió lo inimaginable: Brasil caía en octavos, certificando su peor resultado histórico. España caía en cuartos, quedándose por primera vez fuera de la pelea por las medallas desde el debut en 1989, cuando quedó eliminado en la fase de grupos. Por allí se colaron en semifinales cuatro equipos, algo que podría no pasar de anécdota. “Flor de un día”, que decimos cuando queremos restar valor a lo que hacen nuestros rivales, como si únicamente con suerte se pudiera conquistar un título de campeón del mundo.

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Pues bien, llegó el turno de Lituania, cinco años después, y el panorama poco ha cambiado: España volvió a ceder en cuartos de final precisamente ante Portugal, una de esas cuatro selecciones que se atrevió a reclamar su porción del pastel y que repite en el penúltimo partido. Brasil no transmitía buenas sensaciones, pero al menos derrotó a Japón y Marruecos. Asiáticos y africanos pusieron en aprietos a los brasileños, pero terminaron derrotándoles y accediendo a semifinales, su hábitat natural. Hasta que se cruzó con Argentina, una selección que sumaba por derrotas todos sus enfrentamientos con Brasil.

Y si hay un pecado que el dios del futsal gusta de castigar, es el de la soberbia. Los lusófonos creyeron que la historia era suficiente aval y que, aquello que habían conquistado los amantes del mate, el asado y el tango, fue pura suerte. Menospreciaron a su rival, tirando de estrellas en el pecho como si éstas fueran a detener las embestidas de los Borruto, Cuzzolino y compañía. Y cuando quisieron darse cuenta, era demasiado tarde. Dos goles abajo contra esta Argentina equivalen en goles humanos, por lo menos, a ocho. Algo fácilmente remontable contra otros rivales se convierte en heroico cuando es la Albiceleste la que tienes enfrente.

Brasil se arremangó, pero ni el desborde de Pito ni la inspiración de Rocha —que había permanecido en un segundo plano hasta entonces— fueron suficientes. Guitta no sorprendió, Leozinho apenas contó, Gadeia fue una sombra de lo que solía y Ferrao anotó un gol, pero regaló otro en un repliegue inexistente y acabó el partido solo porque los árbitros le perdonaron hasta dos veces la segunda amarilla.

KAUNAS, LITHUANIA – SEPTEMBER 29: Head coach Marquinhos Xavier of Brazil talks as he is interviewed in a press conference after the FIFA Futsal World Cup 2021 Semi-Final match between Brazil and Argentina at Kaunas Arena on September 29, 2021 in Kaunas, Lithuania. (Photo by Angel Martinez – FIFA/FIFA via Getty Images)

¿Qué sucedió después del partido? Lo mismo que después de la victoria pírrica ante Marruecos: que su seleccionador saltó del parqué a las redes sociales para replicar a aquellos que osaron criticar sus planteamientos. Cero autocrítica, un discurso plano (“hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano”) y mucho desviar la atención. Insuficiente cuando tienes el peso en la mochila de cinco campeonatos. Por más que se haya igualado el nivel y que países que ocupaban históricamente el segundo escalón, a Brasil se le debe exigir lo máximo. Y anotar un único gol en cuartos y otro en semifinales cuando tienes para formar un cuarteto formado por tres jugadores del equipo campeón de España (Dyego, Pito y Ferrao), uno de los mejores cierres de tu historia (Rodrigo) y el portero del equipo campeón de Portugal y Europa (Guitta), más un segundo escalón con jugadores tan prometedores como Leandro Lino o Leozinho, un “hicimos todo lo que estuvo de nuestra mano” no parece la mejor definición de lo sucedido.

Algo parecido ocurrió con España: “fuimos mejores, pero no pudimos ganar y ya está, qué le vamos a hacer”. El nuevo orden mundial está aquí, pero es como si España y Brasil no quisieran enterarse. Lejos de hacer autocrítica, de asimilar que quizá otros estén trabajando más y mejor, de admitir que puede estar fallando algo en la preparación, echamos balones fuera y desviamos la atención o, simplemente, nos encogemos de hombros. Y así es imposible avanzar.

Imágenes: (c) Getty Images.

Autor: Dani López (twitter: @danifutsal6)

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