Copa de España: El deporte que no queremos ser

Cuando se apagan las luces y se barre el confeti de la fiesta que supone la Copa de España de Fútbol Sala, es el momento de la reflexión. Quienes tuvieron la suerte de vivir la Copa in situ pasarán estos días por una mezcla de resaca emocional y bloqueo mental. Quienes, por desgracia, no pudimos vivir en Jaén el evento más bonito de nuestro deporte, disponemos de una libertad mayor de pensamiento al tener el camino del sentimentalismo más despejado.

Y reflexionando sobre todo lo sucedido, he llegado a varias conclusiones que me gustaría compartir con vosotros, invitando al pensamiento crítico, para que aunando opiniones e ideas podamos aportar algo a nuestro amado deporte. Ideas que radican, todas ellas, en una sola: este fin de semana, el fútbol sala pudo convertirse en el deporte que no queremos ser. Pero recapitulemos, para no perdernos en medio del caos, para no dejar un solo cabo sin atar.

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La Copa de España 2022 se ha desarrollado, en líneas generales, como lo hacen todas: ambientazo, pique sano entre aficiones y, lo más importante, hermanamiento de aficionados y mucha fiesta y buen rollo fuera del 40 x 20. No quiero entrar en vídeos que han rulado por Twitter o acusaciones cruzadas entre “aficionados” (sí, entre comillas). Prefiero quedarme con esos otros vídeos de aficionados amarillos y azules cantando todos juntos en la previa de cuartos, los de aficionados naranjas de Navarra y rojos de Cartagena cantando y animando a una, o aficionados tudelanos y vinateros siendo uno solo entre cánticos y bombos en la previa de algún encuentro. Que cuatro impresentables no rompan, con sus palabras en redes sociales, el ambiente de amistad que la Copa consigue siempre.

Sobre lo futbolístico, poco que comentar, no porque no haya mucho que contar, sino porque no es aquí donde quiero entretenerme. Juego muy vistoso de los “humildes”, poco miedo por parte de los equipos —agradecimos que se rompiera esa dinámica de otros años, donde los equipos saltan a la cancha asustados por lo que pueda pasar—, detalles estelares de jugadores estratosféricos entre las filas de los grandes, jugadores que deciden destaparse a estas alturas de la temporada (¡qué bueno que volviste, Pol!) y jugadores que nacieron destapados, pero no por ello dejan de sorprendernos (¡Búfalo, no te vayas nunca!).

Lo dicho: una Copa que se desarrolla con normalidad hasta una final que, como algún compañero comentaba por Twitter, pensábamos que no sería especialmente recordada con el correr del tiempo. Un Barça carente de su brillo habitual, pecando, tal vez, de exceso de confianza. Un ElPozo que tiraba de oficio y demostraba ganas de romper su sequía antológica. De lo que sucedió desde el pitido inicial hasta la tanda de penaltis, creo que no nos acordaremos de aquí a poco. Lo que dudo, por desgracia, es que olvidemos lo que vino después.

Si estás leyendo estas líneas, entiendo que sabes qué ocurrió en la final de la Copa de España de Fútbol Sala 2022. Si estás leyendo estas líneas no necesitas que te dé nombres propios para saber de quiénes hablamos. La final de la Copa de España se saldó con un Fútbol Club Barcelona campeón tras una tanda de penaltis que ya es uno de los episodios más desagradables del fútbol sala patrio de los últimos años. ‘’Uno de los más’’, que no el que más, como aseguraba cierto técnico en la rueda de prensa post partido.

La posibilidad de revisión de vídeo de las paradas en la tanda de penaltis abrió una brecha que, en cuestión de minutos, se hizo tan grande como para que días después sigamos hablando y dándole vueltas al tema. Un jugador capaz de agredir al colegiado Urdanoz, propinándole un cabezazo, no yendo a más la acción gracias a la intervención del árbitro Navarro – Rodríguez Villanueva. Jugadores persiguiendo a los árbitros por la cancha, entre gritos y vehementes aspavientos. Jugadores tomándola a empujones con rivales, alguno hasta enganchando del cuello a otro. En resumen: un bochorno.

¿Queda ahí la cosa?

No, qué va. Tras el partido, siendo Barça ya oficialmente campeón, ante las cámaras de Teledeporte, un jugador brama contra la organización y los colegiados asegurando que les “han robado de cabo a rabo”, unas declaraciones escabrosas que podrían (y, obviamente, deberían) costarle varios partidos de sanción. En sala de prensa, un entrenador asegurando que sabía de antemano que esto ocurriría, que ya había avisado a los suyos de que no se les permitiría ganar. También dijo que no quería hablar de más, pero que había dejado de admirar a la que, hasta entonces, había considerado la mejor liga del mundo. Para no querer hablar de más, se despachó a gusto. Ni qué decir que estas declaraciones tan graves también deberían ser tomadas en cuenta para acometer las sanciones que correspondan.

A partir de aquí, podemos entrar en larguísimos debates sobre el uso de la tecnología en nuestro deporte. Considerando que la tecnología, se supone, ha de emplearse para facilitar las cosas, para llegar donde no llega el ojo humano, condenar su uso es un absurdo; aunque como bien apuntaba Velasco en la rueda de prensa tras la final, está claro que algo no funciona, cuando su uso trae situaciones como las de este partido. No quiero entrar demasiado en propuestas, pues a mí no me corresponde decidir si es mejor utilizar la revisión de vídeo en cada penalti que se lance, no usarla en ningún caso, cambiar la norma de no cruzar la línea (heredada del fútbol, donde la portería mide 7’32 metros frente a los 3 metros de la de fútbol sala); si quitar la norma (a mi parecer, ridícula) que permite una revisión voluntaria por equipo y tantas como el árbitro necesite en caso de duda…

Sí quiero plantear una propuesta que, me parece, viene haciendo falta: si usamos la tecnología, respetemos, aunque duelan, las decisiones que los colegiados tomen basándose en ellas. Tal vez, la solución para evitar lo que vivimos en la final de Copa, sea admitir que unas imágenes en bucle y a cámara lenta son una buena prueba de lo que ha ocurrido y que, aunque duela, repito que debemos acatar la decisión.

Invito a una reflexión a aquellos que en la cancha o ante los medios demostraron una actitud nefasta y también a quienes defendieron o reafirmaron dichas actitudes en redes sociales: ¿qué deporte queremos ser? Nos llenamos la boca hablando de futsal olímpico. Defendemos ser el deporte del fair play y el hermanamiento entre rivales. Queremos protegernos de la más mínima soccerización que pueda llegar. Pero hacemos a nuestro deporte noticia por imágenes tan lamentables como las vividas en el Olivo Arena. ¿Cómo solucionamos esto? Evidentemente, se necesitan sanciones ejemplares… Leía en Twitter que, ayer tras el partido, los árbitros del encuentro se encontraban sumamente desolados. Y no me extraña. Alguien tiene que proteger a quienes velan por aplicar la ley deportiva. Y reconozco ser la primera que, muchísimas veces, soy incapaz de comprender ciertas decisiones. Pero todo límite que se cruza desde la violencia física ha de ser castigado con la máxima sanción.

Tenemos que frenar las acusaciones soberbias y enardecidas que acusan a toda una organización de favoritismos y atracos. Tenemos que frenar las agresiones físicas de jugadores a rivales o colegiados. No queremos ser como el Madrid de Mourinho contra el Barça de Pep en aquellos Clásicos que acababan en el ring. No queremos ser como el fútbol. Y es lo que estamos consiguiendo con estos ánimos desatados; una falta de reglamento justo, claro y bien adaptado a nuestro deporte; guerras internas entre los mandamases y permisividad a jugadores que cruzan la línea de la agresividad a la violencia.

Nos estamos convirtiendo en el deporte que no queremos ser. Todavía estamos a tiempo de pararlo.

 

Foto destacada: RFEF.

Autor: Noemí Carbonell (twitter: @Noe_Tdl)

One thought on “Copa de España: El deporte que no queremos ser

  1. Uno fue un robo y el que no lo quiera ver es que no quiere verlo.
    Dos que narices tiene que ver el Madrid de mou. Es decir que confundes el tocino con la velocidad.
    Tres si el fútbol sala tuviera federación propia nos iría mucho mejor.
    Cuatro parece que la federación te tiene en buena estima. Un saludo

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