Las cosas se igualan… ¿Por abajo?

Es muy manido el recurso, siempre que vemos a una de las denominadas grandes sufrir para vencer a las teóricamente inferiores, de decir que se está perdiendo calidad. Dicho de otra forma, si Italia queda eliminada tras sumar cuatro de nueve puntos en la última ronda premundialista, no olvidemos que es solo porque pierda contra Portugal en su casa, lo que puede llegar a ser comprensible, sino que viene de no conseguir pasar el día del debut del empate contra Finlandia, una de esas mal llamadas “selecciones inferiores”.

Lo mismo sucedió con Rusia tras perder un partido de su fase contra la multicultural Azerbaiyán, con la diferencia de que los chicos de Skorovich tiraron de los muy veteranos Éder Lima y Robinho para solventar la papeleta en el choque definitivo ante Croacia. ¿Qué habríamos dicho? Efectivamente, que Rusia está muy mal y que todo se ha igualado por abajo.

Por supuesto, tampoco se libra del debate España, quien no convenció por su falta de puntería ante una decepcionante Francia ni ante Ucrania, dominadora del partido y que sufrió precisamente esa falta de acierto ­– o ese “exceso de acierto” de Juanjo – para quedar eliminada tras disputar un partido muy meritorio.

¿Adivinan qué hemos dicho todos?

Todo lo resumimos, o simplificamos, diciendo aquello de “las cosas se han igualado por abajo”. Pese a lo que vemos, seguimos creyendo que Italia, Rusia o España, simplemente por llamarse así, deben ser mejores. Si no ganan o sufren para hacerlo ante rivales del segundo escalafón europeo, es porque los grandes practican un futsal ramplón, han perdido calidad individual o sencillamente porque sus jugadores no quieren esforzarse.

Pero la teoría se desmonta viendo el bloque finés. ¿Acaso esa capacidad de sacrificio, esa forma que tienen los chicos de Mico Martic de jugar unidos y defender en bloque, es hacerlo peor? ¿Por qué en pleno 2020 seguimos creyendo que jugar bien es hacerlo al ataque sin mirar atrás? ¿Es más fácil trenzar una jugada o cerrar los espacios? Otra cosa es que sea más entretenido o visualmente más apetecible para televisión y aficionado neutro, pero el empeño en ese “igualado por abajo” no es comprensible, salvo que se quiera utilizar de forma torticera contra tu propio club, dejando entrever a los tuyos que se han convertido en unos tuercebotas que no saben ni dar un pase.

Cada vez más lo vemos a nivel de clubes: Valdepeñas es tercero en la LNFS, Jaén ganó dos Copas de España. Ayuda y mucho, por supuesto, pero no basta tener dinero o jugadores/entrenadores de renombre para garantizar los títulos; también está pasando en el concierto internacional: Argentina se llevó el Mundial de Colombia o Boca Juniors puso contra las cuerdas a Magnus en la reciente Intercontinental, por citar solo dos casos. Impensables todos hace pocos años. Pero claro, como ya no hay resultados de 8-7 sino de 2-1, todo va a peor. Recordemos aquello de que una mentira, por muchas veces que se repita, nunca se convertirá en verdad.

Repasemos los datos de goles y veremos que sí, que se anotan menos goles que hace una década o dos, pero también entonces se producían resultados cortos cuando estaban dos equipos importantes enfrentados. Los partidos que engordaban las estadísticas (que le pregunten a Brasil en los Mundiales) eran goleadas por diez o quince tantos que nunca pueden darse en el deporte profesional de más alto nivel como un Mundial.

¿Se iguala todo? Perfecto, más emoción. ¿Se iguala por abajo? Permítanme que lo dude. No se trata de que los buenos lo sean menos (aunque hay casos que justifican esta teoría, por supuesto) sino que los malos han dejado de serlo. Si se queda Italia fuera, que se haga una reflexión profunda (me consta que se va a hacer, pongo el ejemplo por ser el más sonado de las recientes, pero no es la única, ni mucho menos), pero que se haga pensando en lo mucho que ha mejorado Finlandia; y no nos olvidemos antes bajar de nuestro pedestal. Porque aunque no se quiera, caemos en el desprecio a selecciones que han trabajado, y mucho, para estar ahí.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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