Cuando la falta de paciencia se convierte en falta de respeto

Terminó la primera vuelta de la Primera División con Barça como gran triunfador, bien secundado por Mallorca Palma Futsal. De Jesús Velasco jamás se dudó. Más bien, al contrario: siempre se dijo con su llegada que convertiría a los blaugranas en una máquina imparable. Y con el traspié de siete minutos que ha costado la Champions de este año, así está siendo. De Antonio Vadillo, en cambio, sí que se sembraron dudas desde el minuto uno: pasar de la pista al banquillo sin experiencia previa como primer entrenador, le convirtieron en sospechoso habitual hasta que, en este año y cambiando radicalmente la política de fichajes, su equipo vence y además, convence.

Pero no venimos en este final de año a hablar de los grandes triunfadores, sino de los que estuvieron en el foco de forma desmesurada. Porque a veces se confunden los nervios y la impaciencia, lógico en el mundo del deporte, con la falta de respeto. Ese respeto que se gana no con palabras o discursos grandilocuentes, sino con hechos, con una trayectoria y recorrido en una de las competiciones más exigentes del mundo.

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Dos entrenadores unidos por un equipo

Y ahí vemos para arrancar dos ejemplos unidos por un nexo común: la Ribera tudelana. Hablamos de José Lucas Mena, ‘Pato’, y de Diego Ríos.

El alicantino de 55 años fue entrenador de Aspil-Jumpers durante la última década. Bajo su batuta, los naranjas consiguieron participar en un puñado de Copas de España y otros tantos playoffs. Más allá de números, había un sello personal: los equipos de Pato (y decimos equipos, en plural, porque cada año tenía que confeccionar prácticamente una plantilla de cero) jugaban bien. Proponía un juego ofensivo, de salir con el balón jugado, que era muy de agradecer. Con una bonita propuesta pese a la falta de jugadores de renombre ―de hecho, era Pato quien se encargó durante años de fabricar muchos de los cracks actuales― se creó el sello “Ribera de Pato”. Como un buen vino, todos degustábamos su sabor. Y por supuesto, no tardaron en salir las voces reclamando el banquillo de un “grande” para Pato. Casi un clamor. Se lo merecía, y este verano lo consiguió: Inter volvió a llamar a su puerta y esta vez, Pato dijo sí. Era el momento perfecto para él, y el reto estaba a la altura de las expectativas: devolver la grandeza a un club histórico con recortes presupuestarios evidentes.

Ocupar su vacante en Ribera Navarra era un arma de doble filo: la plantilla para el siguiente año estaba confeccionada y un estilo aparentemente innegociable en un equipo acostumbrado, si no a ganar, sí a dar espectáculo. Asumió el reto Diego Ríos Gayoso, lucense de 38 años. El ex técnico de Levante siempre estuvo en el punto de mira por su juventud (asumió el reto de entrenar a un histórico como Azkar Lugo en 2011, con apenas 27 años). Su estilo no se parece al de Pato, pero es un entrenador que, siendo treintañero, lleva más de una década asentado en la élite. Aunque tardó, el “sí” de Ríos a Ribera llegó.

Uno, entrenando a un histórico en problemas. El otro, con una plantilla que no eligió y viendo cómo uno de sus mejores jugadores (Joao Miguel) se marchaba tras apenas dos jornadas disputadas. Cierto es que ninguno empezó bien: Inter rozó los puestos de descenso hasta la jornada 10 y Ribera ha estado quemándose en 8 de 15 jornadas, muchas como farolillo rojo. De Pato se sabía que sus equipos tardan en arrancar, por lo complejo de su sistema, y de Ríos se entendía que debía haber un periodo de transición para adaptar la plantilla a otro modelo de juego tras 10 años y con la baja de su único pívot puro.

Sin embargo, ambos técnicos han visto ―principalmente desde fuera, no de su propia afición― cómo arreciaban las críticas, a veces con excesiva crueldad o inquina. La impaciencia es habitual en el deporte, y hasta entendible. Pero las faltas de respeto que han sufrido a lo largo de estos primeros meses de competición son incomprensibles en preparadores que, si algo han demostrado en estos años, es que sus equipos acaban funcionando.

Al final, dos buenas rachas han puesto a los equipos donde se les presupone: Pato consiguió la clasificación con Inter para la Copa de España con holgura (acaba cuarto la primera vuelta) tras sumar 12 de los últimos 15 puntos, y Ríos ha sacado al equipo de abajo tras obtener 10 de los últimos 12. No solo eso, sino que se quedó a un solo gol de clasificar a Copa de España.

Nadie sabe qué pasará en la segunda vuelta, si uno conseguirá títulos y el otro la permanencia, pero se ha demostrado que tanta crítica es desproporcionada. Veremos qué pasa, pero no duden que a la mínima racha negativa, volverán a caer críticas desmesuradas.

Pero no son los únicos…

Si pido que piensen en dos equipos que mueven masas ingentes de afición, todos diremos los mismos: Jaén Paraíso Interior y Viña Albali Valdepeñas. Jienenses y vinateros son dos equipos acostumbrados a ser llevado en volandas por los suyos. Ambos equipos han clasificado también para Copa de España con cierto margen: Jaén con récord personal de puntuación en la primera vuelta (30) y Valdepeñas a falta de una jornada, de nuevo gracias a una racha de 12/15 puntos posibles, reponiéndose de las bajas y la tardía llegada de Abbasi, llamado a marcar diferencias.

Pues ni siquiera ellos han estado libres de la crítica. Tanto Dani Rodríguez como David Ramos son los responsables de los mejores resultados en la historia de ambos clubes. Ellos colocaron a sus equipos en la élite y, sin embargo, esta temporada han arreciado las críticas hacia sus figuras, también de forma excesiva. Miren lo que se decía de Dani en la jornada cinco o de Valdepeñas en noviembre. Se habló hasta de fin de ciclo, del manido “gracias por todo, pero adiós” o de camas por parte de los jugadores. Como en los casos de Pato o Ríos, no se respetó la trayectoria de ambos técnicos ni se tuvo paciencia, cayendo en desprecios incomprensibles.

Cuando todo cambió a mejor, nadie puso el foco en los entrenadores. Porque así funciona esto: si el equipo pierde el primero en caer es el míster, pero si el equipo va como un cañón, los focos se los llevan los jugadores. Y quizá sea lógico, pero lo que hemos vivido esta primera vuelta confundiendo impaciencia o nervios, con continuas faltas de respeto, debería llevarnos a la reflexión.

Imagen: elaboración propia.

Autor: Dani López (@danifutsal6)

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