La familia del futsal

Repartirse en grupos, buscar alojamiento, que todos los hoteles y apartamentos pillen cerca los unos de los otros y del pabellón, preparar maletas, meter las camisetas de tu equipo (da igual que este año no se hayan clasificado, lo importante es lucir tus colores orgulloso), los nervios los días de antes, los whatsapp diciendo “en dos días nos vemos”, “¡qué ganas de abrazarte!”, “¿saldremos cada noche, no?”.

Y los reencuentros. Los abrazos, los besos, los gritos de alegría. “Eres más alto de lo que pensaba”, “¡oye pero qué guapo eres!”, “¡juntos, por fin! ¡Vamos!”. El desvirtualizar a gente a la que Twitter cruzó en tu camino y el fútbol sala hizo amigo. Empezar a planear las cervezas de esta tarde, la pachanga de mañana y los cubatas de cada noche.

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Más calidad que en la final de la Copa de España

Cualquiera que haya vivido todas estas sensaciones sabe de qué estoy hablando. La emoción y los nervios previos a esos días…  Y es que la Copa de España de Fútbol Sala es, sin lugar a dudas, la fecha marcada en rojo en el calendario de cualquier apasionado de este deporte: los jugadores y cuerpos técnicos que llevan media temporada luchando por llegar ahí, las aficiones de cada uno de los ocho privilegiados que la disputan, los aficionados al fútbol sala en general…

Y es en estos últimos entre quienes me he encontrado en las últimas Copas de España. Mi equipo del alma lleva unos años sin clasificarse, lo cual no fue un impedimento en las ediciones de 2019 y 2020 para coger el equipaje y viajar desde Tudela hasta Valencia y Málaga, respectivamente, acompañada de dos amigas que están tan locas por el futsal como servidora. Fechas especiales grabadas a fuego para siempre en mi mente y en mi alma, por lo todo lo que conllevan, por todo lo extradeportivo que me han regalado estas citas.

El poder de convocatoria (y no para un partido) de Nano Calvache

Y es que sí, este año se echará de menos en el WiZink al padre de Roberto Martil y su carraca, a Llopis guiando a la Marea Amarilla, al infierno azul en el que se transforma la grada con la afición de Valdepeñas, los gritos, los abrazos de celebración, las lágrimas tras la derrota… Pero si hay algo que se echará de menos es todo aquello que pasa fuera del 40×20 y fuera del pabellón de turno. Mi mente lleva anulando pensamientos intrusivos de tristeza desde hace meses: no sé el tiempo que hace que di por sentado que este año no habría Copa para todo el que viva fuera de Madrid, como tampoco sé en qué momento asumí cuánto me dolía no poder acudir a la cita.

Sé que hablo en nombre de muchos cuando afirmo que lo más bonito que nos ha dado este deporte ha sido a las personas: aquellas que sin importar la procedencia ni el equipo por el que sufren y viven se han convertido ya en una parte fundamental del día a día. Porque para los aficionados a este deporte el mayor premio es reencontrarse con todas esas gentes de todos los rincones de España (¡y del extranjero!) con los que llevamos un año comentando partidos por Twitter, debatiendo por grupos de WhatsApp y Telegram y, por qué negarlo, hasta discutiendo cuando la pasión por nuestros colores nos nubla un poquito la mente. No hay nada más especial que compadrear con todos ellos, brindar juntos y celebrar el amor por el fútbol sala, dejar de lado los colores y disfrutar de lo que, sin duda, para nosotros es una fiesta.

Y sobre todo, fiesta, mucha fiesta

Y por eso, saber que este año, nada de esto se dará, nos duele a muchos y nos hace encarar esta semana tan especial con menos emoción y con mucha nostalgia: no habrá reencuentros, no habrá abrazos, no desvirutalizaremos a los que hemos “conocido” en redes este año, no cantaremos a gritos un sábado noche en un antro cualquiera… No disfrutaremos de “la otra Copa”. Y claro, desde casa, seguiremos comentando cada partido, creyéndonos más expertos tweet a tweet y apostando al máximo goleador del torneo, al MVP de cada partido y al equipo ganador. Pero nada es igual, porque este año, después de trescientos ochenta y un días esperando, no nos reuniremos con la familia del futsal.

Cruzamos los dedos: para que todo mejore, para que en la Copa de España 2022 sí que sí, nos volvamos a abrazar.

Autor: Noemí Carbonell (twitter: @Noe_Tdl)

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