El futsal se muere (o lo matan)

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Llevaba tiempo dándole vueltas. ¿Escribo sobre lo que está pasando en el fútbol sala? La cabeza me decía que sí, que un tema de actualidad y con una trascendencia que reclama una columna. El corazón me pedía clemencia. ¿Para qué? Es como las películas, cuando detienen al acusado de asesinato: “Cualquier cosa que diga, podrá ser utilizada en su contra”. Porque así funcionamos, o eres de A o eres de B, o estás conmigo o contra mí. ¿Quería arriesgarme a eso? Pues ya lo ves, sí.

Y es que si alabas la gestión de la LNFS te vendrán todos los haters de Lozano para decir que eres un estómago agradecido. Y sí, han hecho una gestión muy buena durante muchos años, con sus aciertos y sus errores. Pero está mal visto decirlo.

“¡Eres un amiguito de Lozano!”, me gritarán.

Resulta que la RFEF intervino, y creí ―como muchos― que sería bueno para el futsal. Y quizá esté a tiempo de rectificar y salvar la situación. Los inicios nos hicieron pensar que ventilar en la LNFS sería buena cosa. El fútbol mueve millones, y con muy poquito podría hacer del fútbol sala un deporte profesional (o profesionalizado, ya saben). La difusión que se le daba en sus canales, los briefings informativos en los que figuras históricas como Paco Sedano o Luis Amado explicaban pormenorizadamente sus planes para hacer crecer desde la base hasta el maltratado (y olvidado) futsal femenino ―el cual, por cierto, siempre había sido suyo― hacía pensar que todo sería maravilloso. Y el dinero, no olvidemos, esa era la clave de todo.

Pero claro, esto no es el mundo de OZ ni el camino es de baldosas amarillas, sino de riscos afilados. La COVID19 hizo aparición, y la Federación tuvo que salvar los muebles como pudo, con sus errores y aciertos. Ninguna solución satisfaría al 100% de los clubes de Primera y Segunda, pero al menos pudimos darle un final a las competiciones. ¿Con polémica? Por supuesto, miren Futsi: 23 victorias en 23 partidos y ni siquiera participó en los playoffs exprés. Había que darle un voto de confianza a la RFEF que, a través del CNFS, estaba intentando lo mejor para el fútbol sala.

“Traidor, desleal, con lo que nos ha dado la LNFS y tú apoyando a la RFEF”.

Y dale…

Que esto no va de apoyar a unos u otros, que esto va de apoyar a los clubes que se parten la cara por llegar a final de mes, que tuvieron que hacer un ERTE, a esos jugadores que aún así, con un sueldo ya de por sí bajo y reducido al 70% supieron lo importante que es su profesión y mantuvieron la forma física en sus casas ―en muchos casos, compartidas― de 60 m2 por si volvía la competición. Va de gestores que han tenido que reunirse infinidad de veces con pequeños y grandes patrocinadores para no perder un dinero sin el que muchas familias irían a la ruina.

La LNFS hizo cosas buenas, muy buenas. Y cometió errores. La RFEF entró con buen pie, aportando y mucho, gracias al altavoz mediático que le otorga el maldito “deporte rey”. Empezaron las disputas. Sabiendo los problemas irreconciliables entre miembros de una y otra asociación, los que abogamos por el diálogo no éramos más que predicadores en el desierto, sabedores de que ese diálogo era imposible.

Y sin embargo, seguimos pidiendo que LNFS, RFEF, AJFS, CSD y cualquier otro compendio de siglas que se les ocurra, dialoguen. Que decidan algo, pero que lo hagan por el bien del deporte más practicado de España. Que lo decidan por el bien de los jugadores y esos directivos que se exprimen la cabeza estos días intentando dilucidar qué va a ser de sus entidades. Que lo decidan por esa afición que ha seguido esta pelea infructuosa por redes sociales, que solo quieren que su equipo compita y verlo en directo, en el pabellón o por la tele. Que decidan algo, y que lo hagan ya. Porque este suspense matará al único que no es culpable de nada, al fútbol sala.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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