El futsal se va a la mierda

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Nos quejamos ―y puede que con razón― de la pérdida de espectacularidad en el fútbol sala. Como el turrón por Navidad, cada empate a cero nos devuelve la cantinela de las normas, los pocos goles y la falta de personalidad de protagonistas, ya sea dentro de la pista o en los banquillos. Se critica que cada vez haya más jugadores automatizados y menos virgueros. El regateador de la calle ha sido sustituido por un jugador de pizarra, con tres o cuatro movimientos predefinidos, como si fuese un robot de cocina que tiene varias funciones.

¿Se imaginan calentar el café en una sartén? Pues lo mismo con los jugadores: si eres ala, cuando controles en banda debes pensar en una dualidad o seguir la rotación del equipo, pero nunca fijar la marca y buscar el uno contra uno. Jugártela no está en el guión, así que simplemente, si no te llamas Adri, Robinho o Dyego, ni lo intentes. Pase de seguridad y a seguir cumpliendo. Igual valdría para los entrenadores y esas rotaciones de Excel, con cambios a la rusa cada tres minutos exactos. ¿Momentos de forma? ¿Qué es eso, se come?

Pero hoy no vamos a hablar de esto. Es una introducción necesaria porque los nostálgicos del futsal vintage nos han hecho creer que ese encorsetamiento ―y el cambio de normativa― está matando al fútbol sala.

Mentira.

O al menos, no es el único motivo.

Al fútbol sala lo estamos matando entre todos, y me incluyo, porque todos somos responsables ―aunque sea de manera indirecta― de la situación extrema que estamos viviendo. La polarización que vive esta sociedad del “estás conmigo o contra mí” nos ha llevado a defender a “nuestro” partido político (nuestro, en fin…) con la pasión que sentimos el deporte. A su vez, ese radicalismo político lo hemos trasladado a los pabellones y a las redes sociales. No tengas una opinión discordante, porque siempre habrá quien se ofenda, se moleste y te reprenda públicamente. Y no lo hará ―la mayoría de las veces― con argumentos, sino con una defensa pueril del “pues los tuyos más”.

«No insultes, imbécil»

¿Qué sinsentido, verdad? Pues así es.

No puedes criticar a un jugador si no has sido profesional, porque quizá esté arrastrando molestias físicas o tenga problemas personales y te arriesgas a que te den una mala respuesta por dar tu opinión. Tampoco hables mal de un entrenador si nunca te has sentado en un banquillo, porque no sabes qué problemas ha sufrido el equipo durante la semana y no tienes un carnet que te permita decir que el juego del equipo es feo, aunque como espectador te aburras soberanamente. Y no menosprecies la labor de un dirigente o de toda una entidad, porque en esta época de COVID19, temporales y demás plagas bíblicas, bastante hacen con sobrevivir para que venga un atontado a decirles cómo deben gestionar su club.

Y aún así, esto no es lo peor. Lo peor es que hemos entrado en una guerra sucia, en la que todo vale. La RFEF entró en la sede de la LNFS con arietes y antorchas. Con más o menos razón, con intereses ocultos o no, asaltó a la asociación que gestionaba Liga y Copa de España desde hacía 30 años. “Esto es mío y me lo quedo”, vino a decir. Aquello generó una división entre clubes que decidieron apoyar a la federación y los que siguieron fieles a la asociación, una apertura de aguas que ríanse ustedes de Moisés en el Mar Rojo. Partes interesadas de uno y otro bando se posicionaron públicamente de una manera nunca vista hasta ahora, con comunicados y contra-comunicados, clubes denunciando a la asociación y asociación denunciando a clubes, involucrando incluso a televisiones públicas. Los derechos de imagen, la ética, el rigor…todo saltó por los aires.

No hay tuit de la LNFS que no genere una oleada de “zascas” (no se imaginan la manía que le estoy cogiendo a la palabrita…) por parte de los anti, ni artículo en cualquier medio en el que se critique algo de la RFEF, que no provoque la inquina de los favorables a Javier Lozano.

“La Covid19 nos hará mejores personas”

Una mierda.

Perdón por la expresión, pero no veo otra forma más elocuente de expresarlo. De hecho, esa polarización la hemos extendido en esta sociedad bipolar: la propia pandemia ha mostrado enfrentamientos entre los que obedecen y dicen al resto que hay que ponerse las mascarillas o la vacuna y anti-todo; entre los que critican al Gobierno central (o regional, según tus filias y fobias) y los que les defienden por más errores que cometan. ¿Les suena? Es lo mismo que estamos viviendo en el fútbol sala. Cada cual defiende a los suyos, sin importar si se equivocan.

Pero si solo fuera una guerra entre federación y asociación, todavía.

Como en todo conflicto, se produce una serie de guerrillas que actúan por libre, obedeciendo (dicen) a un ente superior. En apenas unos días, hemos visto cómo un brote en Cartagena tras el partido frente a Jaén, y otro del equipo amarillo tras su partido ante O Parrulo, ha provocado peleas virtuales entre aficionados que se culpan de los contagios, que hablan de positivos y protocolos, de obligación moral y que se insultan y se culpan de todo a una situación que tenemos en todo el planeta, como es una pandemia descontrolada. De la afición saltó a los jugadores, que también se enzarzaron en las redes por este tema.

Bonito ejemplo…

¿Más?

A raíz de eso, ElPozo Murcia se hizo a mitad de semana 1000 kilómetros en bus para disputar un partido que todos sospechábamos que debía ser aplazado. Así fue, poco antes de la teórica hora de comienzo. Vuelta a casa sin jugar. 2000 kilómetros en pleno temporal como no se recuerda, que ha dejado a una parte del país incomunicada, con el riesgo evidente y la pérdida de varios días de entrenamiento, etcétera.

¿Eres proLNFS? Critica a la RFEF por tomar la decisión tan tarde y no obligar a realizar PCRs, que son mucho más efectivos que los test de antígenos.

¿Eres proRFEF? Defiende que esta situación está descontrolada en todos los ámbitos y que no se pudo hacer nada.

Pero nunca, en ningún caso, se te ocurra ponerte en el lado contrario. No vayan a pensar que formas parte del enemigo.

¿Hablamos de la ridícula guerra de los parches? ¿De cómo los de un lado se quejan de las multas y los otros del canon que se ponía años atrás por participar? ¿Hablamos de las filtraciones interesadas desde los propios clubes? ¿De los correos internos que salen a la luz para perjudicar a la otra parte? ¿De los agentes que pasan información interesada para favorecer a sus jugadores?

¿De cómo se desmiente sin saber? ¿De cómo se miente a sabiendas?

¿Hablamos de las quejas de Betis? Recordemos: esta semana una circular de la federación avisaba que, en caso de no completarse la primera vuelta para el 24 de febrero, se hará un coeficiente entre puntos y partidos disputados para decidir qué ocho equipos participan en la Copa de España. Tanto Daniel Ibañes (director deportivo) como la afición bética han criticado a la federación por cambiar (o no, veremos si se consigue completar la primera vuelta) el sistema a mitad de curso. Lícito. Tanto como las quejas del resto, recordándoles que hace menos de un año, en pleno confinamiento, se dictaminó que Betis debía ascender a Primera División cuando restaban aún siete jornadas por disputar (21 puntos) y solo llevaba cinco sobre UMA Antequera, segunda, y siete sobre Talavera y Manzanares (3º y 4º respectivamente).

Por supuesto, todos tienen la razón y nadie se posiciona desde el ángulo contrario, no vaya a ser que se sufra un ictus al descubrir que no tiene la verdad absoluta. Así que venga, critiquen unos a Betis por su doble moral y otros a Jaén por pretender anular partidos a propósito, que todos tienen la razón.

Turno para los equipos navarros

La última ha sido el cruce de comunicados entre CD Xota y Ribera Navarra. Que si juego, que si no, que si tengo positivos pero no los notifico a tiempo, ahora sí, que si te propongo fechas pero no me los aceptas… Toda esa tensión se ha resuelto en la decisión de Ribera de solicitar la victoria por la vía administrativa, lo que ha degenerado a su vez en un comunicado de Xota y la pertinente respuesta tudelana. A la división entre los que piensan que no es ético reclamar los tres puntos y los que piensan que en esto no hay sentimentalismos sino profesionalidad, y esos tres puntos pueden resultar fundamentales para conseguir la permanencia.

Como sea, esta situación ha sido desencadenante de una oleada de insultos por parte de ciertos aficionados que incluso ha trascendido el deporte para atacar a lo personal. Y todo por una disputa entre dos clubes que sí, se «odian» deportivamente, pero que son modélicos y muy queridos en el resto del país.

¿Han visto cuál es el denominador común en todo esto?

Se enfrenta a Cartagena con Jaén, y a Jaén a su vez con O Parrulo. Se enfada Betis porque están presuntamente beneficiando a Jaén. Ribera y Xota se las tienen tiesas. El patrón común es siempre el mismo: un equipo que pertenece a la LNFS contra otro que ya no está. Si creen que esto es casualidad, quizá tengan razón y me he vuelto un viejo cascarrabias, pero lo dudo. Mientras el futsal siga enfangado en peleas, no hagamos el ridículo de pedir futsal olímpico. Ni siquiera profesional.

Esto no es un deporte serio, esto no es más que una pachanga de barrio donde los macarras van a la pista con los pitbulls para intimidar al rival y los otros les piden a sus novias que se escoten para despistar al contrario.

Me van a disculpar, pero esto no es fútbol sala, esto es una mierda.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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