Juan Emilio: en busca de la felicidad

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Salvo que hayan vivido en una burbuja, sabrán quién es Will Smith: el príncipe de Bel-Air le convirtió en estrella de Hollywood y películas como Independence day, Bad Boys (Dos policías rebeldes en España) o Men in black le confirmaron como el hombre de los 90. Si además son de lágrima fácil, seguro que le recuerdan de una película de 2006 en la que no solo cambió de registro radicalmente, sino que además fue la primera aparición en escena de su hijo, Jaden Smith. La película se llamó En busca de la felicidad y en ella ―basada en hechos reales― Will Smith interpreta a un hombre que nunca lo ha tenido fácil, que se arruina por una serie de malas decisiones empresariales y que, tras divorciarse, se empeña en conseguir la custodia de su hijo. No sigo contándoles porque esto no es una web de cine, pero creo que sirve para hacerse una idea de adonde quiero llegar.

La pregunta entonces no es adónde llegar sino porqué. Y aquí entra nuestro protagonista, el hombre que ha estado en boca de todos los futsaleros en los últimos días: Juan Emilio.

Su carta de presentación en el primer partido oficial de Jimbee Cartagena este año, que le había convertido ―y con razón― en su fichaje estrella, demostró las dos caras del pívot: reverso y golazo en el minuto 9, agresión y expulsión en el 26. Le cayeron dos partidos por su cabezazo a David Pazos. Volvió ante Peñíscola y a partir de ahí, nada. Ninguna otra convocatoria, muchos rumores sobre su paradero pero ninguna comunicación oficial del club hasta que, el viernes 13 de noviembre, José Miguel Rueda lanzaba la siguiente pregunta en forma de artículo: Juan Emilio, ¿dónde estás? en la web de efesista.es, un portal deportivo en clave cartagenera.

Hacía tres semanas que el pívot no aparecía por los entrenamientos de Jimbee Cartagena. Nadie, al parecer, tenía interés en hablar del “Caso Juan Emilio”, o al menos así se traslucía del hecho de que no se preguntase en rueda de prensa por el jugador gadorense. Hasta que la incómoda pregunta de José Miguel despertó el interés de La7. A partir de ahí, ya saben el resto: investigación directa con el jugador, el cuál les informa que su intención es dejar el deporte profesional ―al menos por un tiempo― y enrolarse en la Marina. El informativo de la televisión regional murciana deja a mediodía del sábado el cebo de la exclusiva y acelera los pasos en las oficinas de la avenida del Cantón. Al poco, un comunicado del club informa lo que ya sabíamos todos en ese momento: Juan Emilio y Jimbee Cartagena separaban sus caminos por un tiempo indeterminado.

Pero esto no es una cronología de los sucesos, aunque los últimos párrafos así nos lo hagan creer, sino que va de ir más allá, de saber qué hace que un chico de 23 años que vive de lo que muchísimos sueñan, que juega con la selección española y que vive a escasa hora y media de su familia (la distancia entre Gádor, en Almería, y Cartagena), a renunciar a todo y dejar el deporte profesional.

La respuesta no podría ser más sencilla, y a la vez, más compleja: “No soy feliz”.

Will Smith, interpretando a Chris Gardner, encontró finalmente la felicidad. ¿Por qué Juan Emilio no iba a conseguirlo fuera del futsal?

Por supuesto, el resto de los mortales hicimos lo que solemos hacer en estos casos, meternos en la cabeza del protagonista a extraer conclusiones precipitadas. Pero debíamos ir más allá, y hacer juicios de valor en las redes sociales: “La cabeza le ha perdido”, “gracias por nada y adiós”, “qué poca profesionalidad”, “vaya cabecita debe tener”… Más otra serie de comentarios que, por ser del ámbito privado, no pueden reproducirse aquí, pero de las que se hacen una idea perfectamente. Y desde ya pido disculpas, porque seguro que en algún momento he dicho algo parecido. Porque somos así, tenemos tendencia a opinar sobre todo sin pensar en las consecuencias, o en si tenemos la información suficiente para hacer tal valoración.

Pero volvamos al inicio, al momento en que hablaba de Will Smith y esa búsqueda de la felicidad. ¿Por qué sentimos esa necesidad de valorar si Juan Emilio debe jugar al fútbol sala, por muy bueno que sea en su profesión, si no le gusta y no es feliz? ¿Por qué tenemos que criticar a una persona que tiene el valor de romper con todo y buscar más allá, incluso cuando él mismo admite que ni siquiera tiene algo cerrado?

“No es una decisión de hace tres días, llevo un tiempo largo pensándolo […] Me he dado cuenta que cada vez me hacía menos ilusión jugar, tenía menos ambición. Eso no es bueno para mi ni para el club. Mi ilusión y felicidad se encuentra en otro lado ahora”.

¿Se atreven a ponerle un “pero” a esas declaraciones? Yo, no.  Porque, al igual que el personaje interpretado por Will Smith, la vida te da y te quita, nada es perfecto ni todo puede salir según lo planeado, pero hay dos formas de afrontar la vida, la del salmón ―nadando a contracorriente― o la de la mayoría de los peces, aprovechando las facilidades de las corrientes, dejándose llevar. Ambas son válidas, por supuesto, porque nadie debe juzgar a nadie por las decisiones que tome ―salvo que te afecten directamente, claro―. Pero si Juan Emilio, como el salmón, toma el camino difícil y decide que el fútbol sala no es lo que le satisface, deberíamos aplaudir su valentía, no criticar su decisión. Y menos aún cuestionar sus capacidades mentales.

Chris Gardner, el hombre en el que se basa la película, pasó de la cárcel y 20 dólares en el bolsillo al éxito y facturar millones. El ejemplo perfecto para los americanos, la muestra de que el “país de las oportunidades” no es un mote regalado. No sabemos qué le deparará el futuro a Juan Emilio. Puede que sea el éxito absoluto, o puede que le perdamos la pista y nunca más sepamos de él, como no sabemos qué fue de aquel fontanero tan amable que nos arregló la cañería con una sonrisa en la boca. Le pagamos, se marchó y nunca más hemos tenido contacto.

En cualquier caso, solo a él le atañe la responsabilidad que ha tomado, y si lo que busca es su felicidad, solo podemos alegrarnos por él y desearle mucha suerte. El resto, no nos compete. Porque lo que debemos hacer es buscar nuestra propia felicidad, no sospechar de la felicidad de los demás.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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