Yo te contesto, Ricardinho: Sí, te mereces esta despedida

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Dijo Pedro Bergman que uno de los problemas ortográficos de la vida es no saber poner un punto final. Y por eso estoy aquí hoy. Pero no como director de Futsal Corner. Hoy lo hago como aficionado de hace muchos años a Inter. Porque si de alguien he dicho ―a veces hasta resultar pesado― que no ha sabido cerrar su etapa en Inter, poner ese punto final que decía Bergman a unos años gloriosos, ha sido Ricardinho.

Y me temo que lo ha vuelto a hacer…

Hoy escribe alguien que recuerda el esplendor de La Máquina Verde, que sufrió viendo cómo se marchitaba a medida que se retiraba Julio García Mera o se iban los Schumacher, Marquinho y compañía. Al que le dolió la salida de Jesús Candelas. Escribe el mismo que vivió el ocaso, los años de dominio incontestable de Barça, cuando creíamos que estábamos abocados a una transformación de la LNFS en Liga Asobal, cuando Inter parecía que tendría que desempeñar el resto de su vida un papel secundario.

Como tantas otras veces, me equivoqué.

La directiva se fijó en Jesús Velasco, un técnico con el cuajo suficiente para asentar una plantilla con buenos mimbres a la que, no obstante, le faltaba algo, la guinda, un jugador franquicia (al estilo NBA) y que distingue a los buenos de los mejores que es, en definitiva, lo que da los títulos.

Y entonces vino él: Ricardo Filipe da Silva Braga, Ricardinho

Con él llegó la magia, el espectáculo, las florituras solo vistas en YouTube. El futsal de la calle llevado al parqué. No era solo virtuosismo: anotaba goles decisivos, asistía a sus compañeros y la locura: defendía. Y si tenía que estar una hora después de cada partido firmando autógrafos, lo hacía. Y siempre con una sonrisa. ¿Era posible un ser humano más perfecto?

De alguien con un juego lleno de highlights, siempre me quedaré con una jugada extraña, producida en un partido de liga regular sin mayor trascendencia. No le apuntaban los focos como el día que hizo AQUEL gol en el Europeo de 2016 a Serbia, o el posterior a España tres días después. Tampoco me quedo con el caño a Ferrao para decidir una liga como no me quedé con su actuación dos años atrás cuando remontó en 20 minutos lo que parecía una derrota segura ante ElPozo (y en el Palacio) para ganar el segundo título del glorioso lustro interista.

Me quedo con una jugada mucho menos trascendente, como decía: aquel día cogió el balón en banda derecha, como tantas otras veces; recortó hacia dentro, como tantas otras veces; golpeó con ese característico remate suyo donde el balón caía como si estuviese lleno de plomo… y lo estrella en el larguero. El balón sale rebotado con fuerza, lo recupera el rival y Ricardinho echa a correr detrás del que era su defensor, ahora convertido en atacante. Tras 20 metros esprintando, recupera el balón tirándose al suelo cuando el rival encaraba ya al portero, se levanta y monta la contra. En cuestión de segundos asiste para que un compañero anote al segundo palo. Aquello me resultó la mejor definición posible de lo que era Ricardinho: calidad, regate, entrega, compromiso, compañerismo… Valores que rara vez se aprecian en jugadores de lustre universal.

¿Y por qué todo esto? O mejor dicho, ¿por qué ahora? Porque quería responder a una pregunta lanzada por O’Magico en un directo de Instagram: ¿Me merezco está despedida de Inter? Toda esta previa viene porque hay un dicho que es que “de bien nacidos es ser agradecidos” y sé que Ricardinho es uno de los más grandes que ha vestido la camiseta de Inter, y lo será para siempre. Eso no se olvidará jamás. Ni en Alcalá, ni en Torrejón, ni la prensa, ni la afición, ni por supuesto los rivales que te sufrieron, se olvidarán de ti.

Pero hay un segundo motivo más prosaico. Y es que, yo te puedo responder, pero no va a ser lo que quieras leer: Sí, Ricardo, sintiéndolo en el alma, esta es la despedida que te mereces. Porque la memoria es pasajera, y tú, el año pasado no rendiste al nivel que se esperaba, pero no consideraste moral bajarte un sueldo estratosférico. Peor este año sí te parece necesario recordar que solo has cobrado 3.000€ de los 50.000€ mensuales que te paga Inter. Ojo, que no entro a valorar tu sueldo. Me parece bien que el mejor cobre como el mejor, pero la pandemia ha dejado la economía mundial por los suelos, y a muchos clubes (y por tanto personas) al borde de la ruina. Tu propio equipo ha hecho un esfuerzo para complementarte esos al parecer mil raquíticos euros con otros 2.000, pero no lo agradeces sino que parece que te estén robando porque no has cobrado el resto. Ah, por cierto: tu club intentó «ocultar» que había realizado un ERTE, pero como viene pasando en los últimos años, tu protagonismo y tu ego ha estado por encima y no has tenido pudor en desvelarlo. A mi personalmente no me gusta que lo hayan querido esconder, porque es algo natural y nada de lo que avergonzarse, pero si debía saberse, de seguro que no era por ti.

En lo deportivo, este año no has estado a tu nivel, y aun siendo injusto porque el paso de los años no perdona, todavía recordamos los fallos en Copa de España. Hablo de los tres mano a mano con Edu o cómo olvidaste seguir la marca de Cainan que supuso el 3-2 definitivo. Pero eso son cuestiones deportivas que podrían perdonársete. El problema son las otras, las que has protagonizado fuera del 40×20 y que han hecho que mucha de la gente que te idolatraba, yo incluido, se haya terminado por desengañar.

¿O te has olvidado de cómo jugaste en 2017, en la previa de la Final Four, con la posibilidad de ir a Zagreb? Sabemos que la vida del deportista profesional es corta, y que los sueldos en fútbol sala no son gran cosa, pero, ¿no había mejor momento? Eso no se olvida, pero aun así podríamos haberte perdonado el fallo, porque todos somos humanos y tenemos derecho. Pero claro, llega 2018 y en vísperas nuevamente de una Final Four vuelve a surgir el rumor. Esta vez apuntando a tu país, pero al máximo enemigo de tu querido Benfica: ¿Acaso podrías irte a Sporting de Lisboa y molestar de golpe a las aficiones de los dos equipos que más títulos te dieron en tu vida deportiva? Y otra vez cayendo en el error de jugar a tres bandas, dejando en la afición esa sensación de que estabas aquí porque nadie te pagaba más, que los golpes en el pecho y señalarse el escudo era solo postureo. Eso duele. Mucho.

No era suficiente, al parecer. En marzo de 2019 volvemos a leerte en el diario portugués Récord decir que “Nunca me he casado con un club” en referencia a ese posible fichaje por Sporting. Gracias por terminar de convencernos que tu amor por Inter no fue real, que no fuimos más que esa pareja temporal del que tiene miedo a estar solo pero que si un día llega una top-model (o sea, billetes) nos habrías dejado sin pestañear. Es licito y comprensible ir donde te pagan mejor, pero no hubiera estado de más mantener las formas. Quizá así no estarías ahora demandando cariño…

Y es que no nos lo has puesto fácil

Sin esperar al club, por tu cuenta de Instagram, decidiste anunciar, cuando apenas comenzaba la temporada, que te marchabas. Ahora sí, tres años después, llegaba el momento de la despedida. Nos quedaban por disputar las dos Copas y la Liga, pero tú querías informarlo ya, pese a que desde dentro del club te pidieron que esperases. Y en ese afán, en cuanto legalmente pudiste firmarlo, anunciaste el 6 de enero tu nuevo club: ACCS. Lo suponíamos, pero que posaras con tu nueva camiseta no fue elegante. Y una vez más podríamos ser comprensivos con el anuncio: eras el reclamo para que el club francés atrajese a otros cracks como Humberto, Ortiz o Bruno Coelho, ya fichados por el club que preside tu amigo Sellami. Pero lo de la camiseta…

La cosa no quedo ahí. Todavía quedaba el dardo principal: “Me han escrito apenas dos veces desde el staff en estos meses. Lamento esa falta de contacto […] No sé si soy, o no, jugador de Inter. ¿Es ésta la despedida que me merezco? Creo que merecía más cariño”. Fuiste una pieza fundamental en el club en una etapa gloriosa, pero le pides cariño y comprensión a gente que lo está pasando seguramente peor que tú, gente que sí ha tenido que sobrevivir con 1.000€ al mes y sin el colchón que tú tienes. ¿Crees que la afición se iba a poner de tu parte? No me vale con que digas que siempre eres sincero, porque eso no lo justifica. La empatía no te obliga a mentir. Con omitir el tema del salario quizá hubieras ganado adeptos, pero así…

Así que sí, Ricardo, como decía antes, esta es la despedida que te mereces. Porque tu afición, esa que te aplaudió hasta ponerse coloradas las manos, también se mereció más cariño del que recibió por tu parte en los últimos tres años.

Esa afición se merecía un jugador que defendiese los intereses del club por encima de los propios siempre, en la pista y delante de un micrófono. Podías haberte marchado, y lo hubiéramos entendido, pero no aireando tus problemas, anunciándolo cuando a ti te venía bien, posando con camisetas a mitad de temporada o adoptando el papel de víctima. ¿O qué esperabas?

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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