Miedo a perder, en el futsal como en la vida

El miedo es como la materia: ni se crea ni se destruye, se transforma. Cambia en uno mismo con el paso de los años. Del miedo a mirar debajo de la cama al miedo a recibir una carta de la DGT o de Hacienda. Cambia también según las personas. Miedo a la sangre, miedo los truenos, miedo a la noche, miedo al mar, miedo a las palabras, miedo al silencio. Si hasta hay quien habla de panfobia, entendida como miedo a todo, y de la fobofobia, es decir, el miedo al miedo. Pero el que se lleva la palma es el miedo cuando lo tienes todo. “Los hombres eran locos, sufrían cuando eran felices por miedo a perder la felicidad”, escribió el novelista argentino Roberto Arlt.

Diego Giustozzi, que últimamente va a masterclass de filosofía en cada rueda de prensa, dio una lección antes del Clásico. En la previa del partido, donde en otras ocasiones sacaría pecho palomo y aumentaría el nivel de testosterona, habló del miedo, sin dejar de lado la ilusión, de afrontar un partido de esta magnitud a estas alturas de la temporada. Al final, un héroe sin miedo, es un héroe muerto.

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El día 31 de octubre es la noche del miedo

El miedo a que cuatro críos te llenen la puerta de huevo, el miedo a lo disfraces de payaso, el miedo a una digestión pesada de las castañas o buñuelos, el miedo a los que dan la turra diciendo que Halloween es un invento moderno, que suelen ser los mismos que cada año te explican que las nuevas generaciones son de cristal. Y luego están las películas de miedo, que se parecen bastante a levantarse cada lunes: te dan ganas de quedarte debajo de la manta pero no sabes por qué sigues hacia delante.

Es inteligente reconocer el miedo porque forma parte del día a día. Perdemos el miedo o lo incorporamos a la rutina de cada día, que viene a ser lo mismo que perderlo. El miedo es como ciertos comentaristas: están ahí, de fondo, parece que no molestan pero cuando se callan por un momento se nota lo nocivas que son.

En el fútbol sala reciente todo da miedo. Está el miedo a que un rebote introduzca el balón en tu portería, el miedo a que falle el portero, el miedo de un entrenador a ser cesado, el miedo a ser el primer jugador en reconocer que es homosexual. Si la cifra es irrisoria en fútbol, en fútbol sala es nula. Al final todo se trata de lo mismo: el miedo a perder. Por eso, en la vida y en el fútbol sala siempre te queda el empate. A priori nunca saldrás al partido dispuesto a buscarlo, pero siempre te salva de los peores días.

Autor: Gabriel Izcue (twitter: @izcuefutsal)

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