Nunca desconfíen de Inter

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“Barça es muy superior a todos, incluso sin Ferrao”.

“¿Qué hacen rescindiendo ahora el contrato de Gadeia?”.

“Ricardinho en la grada sin jugar un minuto, así les va a ir…”.

“¿Tino Pérez? ¿Qué méritos ha hecho ese para entrenar a Inter?”.

Si se desenvuelven con frecuencia en las redes sociales, o tienen grupos de WhatsApp, Telegram o similar, en los que se hable de futsal, habrán escuchado y leído consideraciones como éstas. Y es que, como dijo Clint Eastwood en The dead pool (“La lista negra” en España), las opiniones son como los culos, todos tenemos uno. Y aquí no se trata de sacar una calculadora para empezar a cobrar facturas. Es poco elegante, recuerden que a veces es más difícil ser buen ganador, que buen perdedor. Y eso es fácil de comprender y de aceptar: todos nos posicionamos con el pequeño o más débil. Primer error: este Valdepeñas no tuvo nada de débil, ni de pequeño. No solo le jugó a Inter de tú a tú en la final, sino que en algunos tramos fue mejor y le tuvo incluso contra las cuerdas, pese a que los de Tino Pérez ―ninguneado por gente que ha llegado al futsal hace dos días y se olvida del magnífico palmarés del entrenador toledano en sus más de 20 años dirigiendo clubes― se pusieron con dos tantos de ventaja. Valdepeñas no fue pequeño, no fue un equipo acobardado, pese a que jugaba su primera final contra un equipo que tenía 13 títulos antes de saltar al parqué del Carpena.

Una vez hecho este (necesario) inciso para alabar la figura de Valdepeñas, volvamos a los entrecomillados. Ese Barça tan superior cayó en cuartos de final contra Levante, un equipo correcto pero del que se esperan grandes cosas el año que viene, no éste. Y hubo palos, pero ni por asomo los que por ejemplo se llevó Diego Giustozzi ―con o sin merecimiento, ya habrá tiempo para eso― por su eliminación también en cuartos. Siempre se habla de una terna de favoritos: pues bien, solo Inter accedió a semifinales. Sin Gadeia, regresando de Brasil tarde y dispuesto únicamente a firmar su finiquito. Sin Ricardinho, el que fuese mejor jugador del mundo y decisivo en años anteriores, con imágenes que quedarán para el recuerdo. Podrían haber sido más dolorosas, pero afortunadamente para los aficionados interistas no serán más que un borrón, contentos como están por la conquista.

Así pues, los argumentos quedaron invalidados a las primeras de cambio. Había que reescribir el guión. Pero recuerden a Eastwood, las opiniones y los traseros. Parafraseando a otro de los grandes, Groucho Marx (aunque, siendo honestos, nunca ha sido confirmada su autoría), la gente rectificó: estos son mis principios; si no les gustan, tengo otros, vinieron a decir.

Inter llegó a semifinales. Venció (cuarta vez en esta temporada) a un Palma que se le había atragantado a Velasco en sus últimos años. Le maniató, como ya hiciese en los dos partidos de Liga y en el de Copa de España. Por supuesto, todos los partidos los ganó Inter por la mínima y sin merecerlo (ay…). Llegó la final, y los torrejoneros sufrieron ante un equipo con un potencial tremendo, novato pero descarado, ofensivo, con un entrenador que sabe mucho de esto. Inter aguantó, sabiendo que el empate le daba el título. Era la norma, y la supo aprovechar, cosa que no hicieron ElPozo (le faltaron minutos) o Barça (le sobraron segundos) en sus eliminaciones, ambos a un gol del empate que les habría clasificado. Así se estipuló desde el principio, con las reglas impuestas por la RFEF y aceptadas por los clubes que decidieron participar. Como ya no se podía atacar a Inter con tales palabras, había que buscar otra cosa.

“Inter no juega a nada, es una vergüenza un campeón así”.

“No se ha merecido ganar, Valdepeñas lo ha hecho mejor”.

“Había que quitar lo de los empates, no es justo”.

Para empezar conviene recordar que si no hubiese sido por la norma de los empates, quizá Valdepeñas no habría pasado de cuartos. Porque hizo una remontada histórica ante Xota, del 4-0 en contra al 4-4 en los últimos cinco minutos, sí, pero, ¿qué hubiera pasado en la prórroga? Nadie lo sabe, y por más que la inercia favoreciese a los vinateros, la posibilidad de perder hubiera sido, cuanto menos, plausible.

Lo de jugar bien o mal es tan subjetivo, tan dependiente de los gustos de cada uno, que es más difícil rebatirlo. Pero no me nieguen que es contradictorio que se hable de que Inter no puede ganar porque ha perdido sus estrellas y a la vez se le exija jugar bonito. Además, ¿acaso no es digno de elogio su capacidad de sufrimiento o matar a tu rival en los únicos dos errores que comete en un partido? Y claro, ni hablemos de merecimientos. Podemos tirar del clásico “las finales hay que ganarlas”. E incluso ahí surgen voces discordantes, recordando que no han ganado el partido. No mire, el partido no, ha ganado la liga.

Puede, como decía al principio, sonar revanchista, incluso acusarme de escribir desde el rencor. Y nada más lejos de mi intención. Durante la temporada se le preguntó a Tino Pérez por el juego (servidor incluido), se le dijo si temía por su puesto (una vez más, yo caí en esa pregunta), de si era capaz de gestionar los egos en una plantilla erosionada por los triunfos y el imperdonable paso del tiempo… Se cuestionó si merecía ser líder, como si los puntos los otorgasen los merecimientos y no los goles. Y después de todo, en el final de temporada más extraño del mundo, pero con las mismas normas para todos, habiendo entrenado menos que sus máximos rivales, llega Inter y se impone a un equipo que se merecía ser campeón, pero que no pudo por apenas un gol que, de durar un par de minutos el partido, podría habría llegado. Pero no llegó, y el campeón, pese a todo, es Movistar Inter.

Les dejo el teaser de lo que ya está siendo el aviso para la siguiente temporada:

“Una vez puedes ganar por suerte, pero jugando así no vas a llegar muy lejos”.

“Europa es otra cosa, menuda ostia se van a dar”.

“Dejas marchar a estrellas mundiales y te traes a tíos que no valen ni la mitad”.

“Mucha clase media, pero, ¿quién va a tirar del carro”.

Si quieren comprar tales argumentos, por supuesto que son libres de hacerlo. Yo, por si acaso, sería prudente antes de tales juicios. De Inter, como de todos los eternos campeones, nunca se debe desconfiar.

Foto principal vía RFEF.

Autor: Dani López (twitter: @gremplu)

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