Volvemos al WiZink…pero no estamos todos

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La buena noticia es esa: Volvemos al WiZink Center.

Podríamos decir que, del 25 al 28 de marzo, volverá la Copa de España, el mayor espectáculo de clubes del mundo. Siete clubes tienen pasaporte, dos pelean por el último puesto ―Jaén Paraíso Interior si vence a Aspil Jumpers Ribera Navarra en la Caldera de Tudela, Fútbol Emotion Zaragoza si no suma los tres puntos― en el torneo favorito de los futsaleros.

Podríamos añadir que volvemos al WiZink Center, «la escena del crimen», tres años después. En los pasillos del antiguo Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid resuena aún el eco de los chinazos, de la Marea Amarilla botando al unísono. Sus paredes de granito siguen vibrando con los paradones de Adrián Pereira, mientras que las pantallas retienen la imagen de incredulidad de Andreu Plaza, que sigue, dos años después, sin comprender cómo perdió aquel partido.

Resuenan todavía las voces de quienes animaron a ElPozo, a Xota o a Cartagena, pese a que cayeron a las primeras de cambio. Los aficionados de Movistar Inter siguen sin comprender cómo se les escapó aquella final, porqué dos jugadores de la experiencia de Rafa Rato y Gadeia no se entendieron, cómo pudieron perder aquel balón que les alejaba de su tercera Copa consecutiva y entregaba en bandeja la segunda de los jienenses.

Vuelve el espectáculo, los goles, las prórrogas, quizá las tandas de penalti, las quinielas, las decepciones; volverán los cuartos de final, las expectativas y esperanzas, los sueños, las quejas por los árbitros; volverán los lamentos, las lágrimas de ilusión y decepción; volverá, en definitiva, el fútbol sala.

Pero no todos volverán. Por el camino se han quedado muchas personas, muchas familias que han vivido la pandemia en primera persona. Volverá el mayor evento del fútbol sala español justo un año después.

Fue el último gran evento que vivimos todos nosotros antes del parón, antes de que el mundo tal y como lo conocemos desapareciese para dar paso a uno nuevo de mascarillas, distancia social y aislamiento. Un mundo de teletrabajo, de saludos con el codo y de videollamadas.

Pero, sobre todo, y hablando de futsal, que es lo que nos atañe, un mundo sin afición en las gradas. Un mundo peor, silencioso, carente del factor emocional. Las gradas estarán ocupadas con esos fríos ―pero necesarios― espacios entre personas. Los gritos reverberarán en las desnudas gradas. Sentiremos un vacío difícil de llenar, pero por los que se fueron, por los que siguen aquí, pero han perdido la ilusión por el fútbol sala, por los amigos que querrían estar y no pueden porque ―si se permite público― será un aforo limitadísimo

Por todos ellos, disfrutemos del espectáculo en paz y buena sintonía.

Disfrutemos de lo que nos apasiona, porque nunca sabemos cuando será la última vez.

Autor: Dani López (twitter: @danifutsal6)

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