Nuestro problemas y los de nuestros equipos

Justo un año después de la aparición incontrolable del dichoso virus en Europa, lo empiezan a hacer también los pelos blancos en los laterales de mi cabellera. Todo apunta al desastre, me estoy dando cuenta. Se me juntará lo del derroche y el desenfreno post-pandémico con el estar con el pelo blanco, pero no aún del todo, con la inmadurez de un chaval de veintipocos años. Se me juntará la inercia de la euforia colectiva con un previsible vacío existencial tras haber terminado la carrera y seguir sintiéndome incapaz de asumir y enfrentarme a la vida laboral. Todo apunta al ridículo, lo dirían las encuestas y las casas de apuestas.

Pero quién sabe, igual no. Igual suena la flauta y ni tan mal. Igual rompo los pronósticos, me lo tomo con responsabilidad y consigo desenvolverme en este mundo salvaje. O igual sí, igual se convierte en una de esas cosas que ves venir muy lentamente y aún así te engullen porque no eres capaz de frenarlas o ni siquiera de esquivarlas.

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Frente a esta incertidumbre tan característica de esta nueva normalidad, a menudo, lo mejor es no pensar. Lo vemos en el fútbol sala, donde pase lo que pase y le vaya como le vaya a tu equipo, aparece siempre alguna angustia. Yo también la sufro en cualquier momento de la temporada e independientemente de la posición que ocupe mi equipo. Cuando van pasando las jornadas y tu equipo se mantiene en lo más alto de la clasificación, y empiezas a pensar que para que por fin llegue ese ansiado título solo necesitas que no cambie nada y todo se mantenga igual, que no haya lesiones ni problemas de vestuario. Entonces empiezas a avanzar en la temporada temiendo que suceda ese algo que destroce el equilibrio y vuelva a hundir a tu equipo en la mediocridad.

Por otro lado, puede que a tu equipo no le esté yendo bien, por un problema de planificación deportiva, por no ser capaz de romper una mala racha o porque simplemente sean realmente malos. Entonces empiezas a conformarte con salvar la categoría y entiendes que, para salvarte de ello, necesitas un golpe de suerte, que no gane el mejor y que tus rivales directos se peguen un tiro en el pie. Es en esas situaciones cuando la improbable aparición de esa carambola que evite el descalabro empieza a fustigarte. Al igual que con mis canas y mis miedos para afrontar mi futuro laboral, lo mejor es no pensar para evitar caer en ese bucle insano y doloroso.

Autor: Biel Izcue (twitter: @izcuefutsal)

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